— January 30, 2011 —

Enfrentarme a mí misma, sabes cuánto lo odio. 

Pero sabes que lo necesito como al aire. Incluso más.

Yo no soy el tema. Lo eres tú y creo que sobra decirlo. Hoy es tu cumpleaños.

llevo esperándolo desde hace mucho, la mayor parte de esa espera transucrrió contigo… 

pero que (no sé cómo llamarlo) lo nuestro haya acabado, no significa que la espera haya terminado.

Te tengo dos regalos: El primero, ni yo sé qué es… Denominarlo un recuerdo es doloroso. Una prueba, de qué… NO SÉ.

Así que con esa no vamos. Digamos que es mi manera de saber de ti. El primer regalo es una confesión: ahora sabes que todavía pienso en tí.

El segundo… Es una vieja promesa, una deuda. No lo tomes cómo una manera de: “refrescar tu memoria”, Por qué no es así. Para nada.

Te estoy regalando lo que me queda de tí. Quiero que estés completo, porque te lo mereces. Es eso y algo más: dulce, para neutralizar tanto amargo.

No tengo manera de darte el segundo regalo el día de tu cumpleaños, si no dos días después. Lo siento… Nuestras vidas rara vez se cruzaban en ese entonces, y lastimosamente eso no ha cambiado.

De paso te devuelvo unas rosas marchitas, lo siento, no soy digna de ellas. 

Nunca lo fuí. Te hice muchísimo daño, creéme que sí. Y esa fué la razón principal por la que no reaccioné más y terminó.

Te regalo la verdad. Lee entre líneas. 

Quizá no tenga que decirtela. Quizá ni te atrevas a preguntar. Quizá explote y la diga…

FELIZ CUMPLEAÑOS.

Te extraño. 



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